
Por primera vez apelo al “corta y pega” y lo hago con doble dolor: por incurrir en lo que me prometí no hacer, y, sobre todo, lamentando profundamente no haber podido tomar parte en este irrepetible conversatorio protagonizado por Jesús Martín Barbero, en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana.
Felizmente, el colega Charly Morales estuvo allá y dejó una buena versión del acontecimiento, ocurrido a propósito del Encuentro de Comunicadores Sociales, donde Barbero fue invitado especial.
Los dejo con este gurú de las Ciencias de la Comunicación:
“La prensa impresa, la radial y la televisiva sufren actualmente una crisis de público, que los periodistas atribuyen a las malas hadas de la tecnología, sin percatarse de que la crisis es de lenguaje y de modos de comunicación con sus públicos”, espetó.
Al respecto recordó a Antonio Gramsci, para quien las crisis eran los momentos en que algo establecido moría y su relevo no acababa de nacer o cuajar. O como vislumbró Walter Benjamín, la sociedad vive una época pródiga en cambios en la sensibilidad colectiva.
Esta nueva sensibilidad necesita e inventa sus propios lenguajes. La experiencia de los jóvenes no cabe en el mensaje lineal: se impone el hipertexto. “El futuro de nuestro idioma está en manos de ingenieros, cibernéticos y poetas”, advirtió este hombre, para quien los SMS constituyen una suerte de blasfemia contemporánea pero inevitable.
Y aunque está consciente de ello, rechaza el empobrecedor modelo del telecomunicador Shannon, una “ingenuidad loca que hizo pasar por Teoría General de la Comunicación a un postulado ingenieril, mecánico y simplista.” De hecho, admitió que escribió miles de panfletos contra ese panfleto oficializado por el sociólogo Weaver…
Enfatizó que la comunicación necesita una teoría asumida no como una disciplina, sino como la convergencia de múltiples disciplinas, que se ocupen de la complejidad en los modos de relación social, masiva, grupal, política, etcétera.
Si aún cuesta trabajo asumir tal pluralidad es culpa de la ancestral visión binaria que es fruto de una educación determinista y excluyente, donde toda diferencia es ocasión de dominio: adulto-niño, macho-hembra, blanco-negro y demás antagonismos.
Tal visión dicotómica de la realidad ha costado caro a América Latina, donde todo es mestizo menos la política, importada del iluminismo francés, el liberalismo inglés y cuanta corriente europea estuvo en boga, y todo porque ni siquiera los líderes independentistas quisieron reconocer la cultura política de los pueblos originarios…
”Necesitamos raíces, memorias… Sin raíces no podemos vivir, pero muchas raíces no nos dejan caminar”, reflexionó luego, como preámbulo de su entusiasta defensa de los medios comunitarios, embrión de esa política mestiza que reclama Latinoamérica.
”CNN no se va a acabar porque la maldigamos, debemos hacer propuestas alternativas, porque el poder le tiene pánico a la diversificación de agendas que casi siempre proponen las miradas más jóvenes”, enfatizó. En tal sentido, instó a crear: denunciar sí, pero proponer también…
Respecto al papel del investigador en comunicación social, a tono con el congreso que lo trajo felizmente a Cuba, Jesús Martín Barbero confirmó su estirpe de hereje con una declaración de principios quizás escandalizadora, pero contundente: “No investigo para masturbarme ni para suicidarme, investigo porque tengo esperanzas en un mundo mejor: si no confiara en que puedo cambiar el mundo, me pegaba un tiro”.