La fobia de los periodistas cubanos
Noviembre 30, 2009 por Vladia
En su comentario “Periodismo con fobias”, de este lunes 23, la periodista Katia Siberia, del diario Granma, pregunta “¿Qué esconden quienes rehúsan fotos y entrevistas? ¿A qué temen quienes aluden a disposiciones y autorizos para impedir que periodistas y fotógrafos de nuestros medios de prensa ofrezcan informaciones?”
Y unos párrafos más abajo hace alusión a algunos de los que asumen tales conductas: “funcionarios casi infranqueables, solo accesibles en actos y reuniones; administrativos que se amparan en el bloqueo y el acecho enemigo; directivos que desenvainan “por cuantos y por tantos”; relacionistas públicos que entorpecen los contactos…”
Como no supe encontrar en su texto las respuestas a preguntas que ella misma formulara, opto por aventurar algunas deducciones que podrían complementar lo dicho por esta talentosa y novel colega.
Creo que se confunde a veces responsabilidad con poder, cumplimiento de la misión con prerrogativas. Y tales confusiones desacreditan la autoridad, esa sí bien ganada y refrendada por la Constitución, de quienes tienen todo el derecho a exigir que se abran las fuentes, porque salvo el secreto estatal o militar, el resto de la información es un bien público, un preciado bien público, añadiría yo.
Dejaré afuera las anécdotas, aunque me sobran, como a otros periodistas. Prefiero detenerme en la fobia a que alude la joven colega. Si fobia tenemos los reporteros es solo a aquellos que no nos dejan hacer mejor nuestro trabajo, precisamente a quienes nos tratan de negar estadísticas, datos, actualizaciones y hasta opiniones con las que ellos, mejor que ningún otro a veces, podrían ayudar a orientar a la población.
Y esa, nuestra fobia, nunca podrá ser calificada de malsana porque, en mayoría abrumadora, hemos demostrado a pesar de tantos vientos y mareas -que no son solo los aquí mencionados- una lealtad, una fidelidad sin fisuras, sustentada en el bien sedimentado convencimiento de que defender esta realidad nuestra es la causa más justa, y no por mimesis ni por falta de opinión propia.
Muchos colegas me han contado de puertas que se les han cerrado, de respuestas ríspidas y hasta groseras por parte de personas con responsabilidades varias; pero ninguno me ha contado -seguro existen los casos- que quiso publicar en su periódico o en su programa el desaire recibido, y sus editores, sus jefes, se lo impidieron. En mi experiencia periodística al menos, siempre en la revista Bohemia he recibido ese apoyo de quienes me dirigen.
También es verdad, porque debo ser justa, que hay compañeros de profesión que no quieren meterse en líos, y prefieren ir “machucando en baja”, sin disgustos ni sobresaltos; son esos que te recomiendan con la mejor voluntad: “oye, no cojas esas luchas que el infarto está que da al pecho…” Tanto preservan su salud cardiaca que si les dicen “no se puede” o “no estoy autorizado a decirte”, ni un dedo mueven por averiguarlo en otro lugar, por encontrar fuentes alternativas, muchas veces a la vista de todos. Pero, ojo, eso no exime de responsabilidad, ni siquiera atenúa lo negativo del proceder de aquellos que no dan información a la prensa.
Ninguno de esos directivos inabordables y que desobedecen indicaciones del Buró Político, son dueños de nada, ellos no compraron las entidades donde dirigen, no las heredaron. El gobierno, la Administración Central del Estado o algún otro nivel de dedición los designó para esas responsabilidades.(Y también la práctica de la justicia a la que hice mención, me obliga a reconocer la existencia de aquellos que, lejos de bloquearnos, están prestos a facilitar el dato que necesitamos. Pero, claro, debo reconocer que son pocos).
Y como aquí el gobierno somos todos; en definitiva, fue el pueblo quien los puso ahí, y es el pueblo trabajador el que los mantiene, subsidia sus gastos de representación, su aire acondicionado, sus viajes de negocio… No deberían entonces continuar abrogándose derechos que no poseen porque nosotros, léase un Nosotros con mayúscula, no se los hemos dado.
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