Espíritus on line
Noviembre 3, 2009 por Vladia
A partir de ahora usted podría recibir desde el más allá un mensaje de su difunta pareja o amigo fallecido con el siguiente texto: “deja la volá con el (la) socito (a), siempre lo sospeché y te estoy cazando”. O también: “Al final, no me pagaste los cien fulitas. Créete que ganaste”
No serán médium ni caracoles los portadores de tales nuevas. Las redes sociales, la red de redes, nos enreda ahora también después de la muerte. Se trata de los portales deathbook, recién aparecidos a partir de la concertación de varios sitios ingleses y norteamericanos.
El cliente designa a una persona que debe notificar el fallecimiento del abonado al portal, e inmediatamente entra en marcha la macabra maquinaria. El suceso ya hace furor entre los anglosajones, aunque en algunos casos se mantiene en secreto el número de visitantes. Como muestra, tan solo Last Messages Club reconoce tener unas 7 mil visitas en un día.
Las opiniones están divididas. Los hay que consideran la idea como salida de una novela de horror y misterio; otros, magnifican tal posibilidad, como Jeremy Toeman, creador de legacylocker.com, quien asegura “Sabemos que es duro enfrentarse a la muerte, sabemos que es un poco morboso, pero aquellos que pasan sus vidas en Internet tienen que hacerlo”.
Deathbook ofrece numerosas posibilidades, desde precisar un testamento hasta hacer que, en cada cumpleaños o aniversario, alguien reciba vía a-mail una tarjeta con un remitente de ultratumba. Por supuesto, no es por amor al prójimo o altruismo. Un jugoso negocio comienza a crecer rápidamente sacándole partido a la parca. Hay sitios que cobran entre 20 y 30 dólares anuales; otros, entre 10 y 50, según si se almacenan fotos, videos, mensajes de texto o archivos de audio; y algunos recaudan una única tarifa de 69.99.
Se ha formado el gran escándalo, y el tema es comidilla en el ciberespacio. Pero si se hiciera justicia, habría que remitirse a la novelista británica Evelyn Arthur St. John Waugh (1903-1966). En su deliciosa novela de humor negro “Los seres queridos” está esbozada exactamente la misma idea. En el texto, que fervientemente recomiendo, el propietario de un negocio de enterramiento de animales de compañía enviaba cada año a los dolientes una postalita que recordaba: “Hoy su Arturito piensa en usted desde el cielo y mueve la cola.”
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