El vértigo ante la ventana
Noviembre 7, 2009 por Vladia
La capitalina calle G se está volviendo un escenario particularmente interesante. Vuelvo sobre ella porque antes que aconteciera el rarito performance de ayer, ya tenía pensado compartir con ustedes algunas interrogantes sobre lo que allí acontece.
El fenómeno de las tribus urbanas para nada resulta nuevo; y que en esa avenida confluyan en horario nocturno los emo, los satánicos, vampiros, rockeros y toda una fauna variopinta no es motivo de asombro. Me contaba un profesor chileno que allá, en su universidad del sur, tiene alumnos pokemones, a imitación de los personajes del juego japonés.
El pasado 31 de octubre se celebró allí el Halloween, Conozco de al menos un grupo de estudiantes de un preuniversitario que se dieron cita en el lugar para festejar la llamada Noche de Brujas, según tradición esencialmente norteamericana. Llevaron sus disfraces, los rostros pintados, y, simplemente, la pasaron “transculturadamente” bien.
Conversando con uno de ellos, quien me rogó guardara su anonimato, le pregunté por qué Halloween y no otra cosa. “Es lo que se usa”, respondió. Mi interlocutor no sabía a ciencia cierta ni los orígenes de esa costumbre, ni sus motivos; sencillamente, quería divertirse. Es una razón legítima cuando se tienen 17 años. Sin embargo, podría ser igual de válido celebrar, por ejemplo, el Día de Muertos, antiquísima costumbre mexicana que tiene lugar el 1ro. ó 2 de noviembre, o cualquier otra tradición.
A la celebración de Halloween, desde hace un tiempo se suman las Piyamadas, o fiestas de piyama, también costumbre foránea, y me está pareciendo que las influencias de la televisión, películas y videos, y también de los mensajes provenientes de la Red de Redes tienen su cuota en estas conductas. Para nada lleva signo negativo que Cuba se siga abriendo al mundo; además, es imposible no hacerlo. Sin embargo, de manera paralela, también deberían continuarse abriendo, y generando, las mentes de aquellos que tienen en sus manos la recreación y atención a la juventud.
Si inventan celebrar la Noche de Brujas es porque no han encontrado otras opciones. Tenemos un montón de instituciones culturales, de trabajadores vinculados a la recreación y la cultura, y, aplicando el viejo refrán de Si el mar no va a la montaña… quizás sería conveniente que tales opciones fueran al encuentro de los aburridos. Pero con propuestas realmente atractivas, desencartonadas. Para eso están los investigadores sociales que supongo sepan cuáles son hoy las aspiraciones y necesidades recreativas de los jóvenes, cuáles sus anhelos, sus frustraciones; y, en consecuencia, podría intentarse darles respuesta, de la mano de la ciencia; no solo suponiendo que esto o aquello les gustará. No “bajarles” opciones, sino construirlas entre todos -claro, con los pies bien puestos en la tierra porque el horno no está para galleticas.
Aspiramos a un hombre nuevo, se hacen reuniones y más reuniones sobre los valores; pero los pulóveres con la imagen del Che solo es posible adquirirlos en dólares; las gorras con la bandera cubana ¿dónde están?, ¿dónde las imágenes que refuercen el sentido de nacionalidad? No hay una sola película norteamericana en que no aparezca al menos un par de veces la bandera de esa nación, que es también la de Martin Luther King y George Washington.
Qué bien que sigan abriéndose nuestras ventanas al mundo, pero, cuidado de tanto asomarnos, el vértigo nos haga olvidar hasta la ventana.
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