Desatar nudos
Febrero 26, 2010 por Vladia
“Yo pienso que llegó el momento de la agricultura y ya se está viendo a las claras. No en la escala que quisiéramos, pero se están dando pasos positivos que rápidamente darán fruto. Y no estoy hablando en sentido general, sino por nuestras vivencias. Cuatro años atrás tenía déficit de personal, hoy tengo todas las fincas cubiertas, una estabilidad de más del 96 por ciento de la fuerza y con trabajadores esperando para ingresar. Quiere decir que hemos ido desatando nudos y la gente se va sintiendo mejor.”
Lo asegura Carmelo Pérez Martínez, y habría que creerle. La Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) que preside, La Miriam, en Pinar del Río, fue la primera del país, fundada el 28 de septiembre de 1993, y atesora los más grandes reconocimientos de su sector. Este campesino de pura sepa -que empezó en esas lides con el pelo negro como azabache y ahora solo canas le brillan bajo el sol- no es de los que miente.
“En nuestro caso, ya alcanzamos casi 700 pesos de salario promedio. Se van dando pasos positivos. De las cooperativas de cultivos varios de nuestra provincia, casi todas ya son rentables, y van por buen camino: diversificando la producción, con sus trabajadores vinculados al área y al resultado final…Se ve un despegue. Es verdad que faltan cosas para que pudiéramos producir más, pero no nos podemos desesperar, pasos se están dando y estoy seguro que esto se va a revertir en muchos quintales para el pueblo. Nos sentimos en este minuto más atendidos, con más confianza, para, con todos los problemas que tenemos, hacer que la tierra produzca más.”
Estuve en La Miriam siguiéndole los pasos al último de los ciclones que arrasó con este país. Allí no quedaba ni una mata de plátano en pie. Ahora, volví a esa cooperativa del territorio cubano más occidental, y, de no haber visto lo que presencié hace dos años, juraría que allí no había asolado ni un vientecito: además del plátano, su fuerte, han diversificado la producción con tubérculos y raíces, frutales, ganado menor y mayor, hortalizas, y a cada cooperativista con que me tropecé se le notaba una expresión de satisfacción en el rostro.
No obstante, todo no está hecho. Conversando a pie de surco, junto al corral, al microordeño, al área de cultivos tapados que preparaban, supe que prácticamente todo el trabajo que realizan es con tracción animal, y de las 829 hectáreas que abarca la cooperativa, solo 13 cuentan con equipos de riego. Son carencias importantes que le duelen a La Miriam en el costado. “Con maquinaria y con riego casi podríamos triplicar la producción, periodista” aseguró convencido uno de mis interlocutores ocasionales, mientras a otros, por lo bajo, escuché comentar algo sobre falta de autonomía, trabas burocráticas…
También les afecta la falta de transporte propio para comercializar ellos mismos sus productos, según refirieron.
-”Si aquí pudiéramos comercializar con nuestros plátanos, le ganábamos a cada quintal doce pesos, que son los que estamos perdiendo, porque se les venden a Acopio, a los mercados, y a veces anuncian un viaje y no los vienen a buscar. Lo mismo pasa con otros cultivos. Si aquí tuviéramos camiones de nosotros, el plátano que se está cortando, lo mandábamos directo pa’rriba del camión y ya a las cinco de la tarde usted se lo estuviera comiendo. Ahora, yo lo corto mañana, lo pongo en viaje, y si ellos tienen petróleo, lo vienen a buscar, si no, pasado mañana o cuando puedan. Ellos nos lo pagan entero, pero ¿quién se perjudica?: el pueblo. La comercialización es un problema muy serio, todo el mundo le ha metido la cabeza, pero para comercializar tiene que ser uno mismo, con amor.”
El mismo amor que pone Carmelo en cada minuto de faena y que ha sabido trasladarles a sus cerca de 180 trabajadores, y que destaca sin falsos pudores:
“Aquí estamos trabajando con el corazón, atendiendo al capital humano, preparando la gente; tenemos 47 fincas y en cada una estamos demostrando que sí se puede; con 87 yuntas de bueyes; con 0,6 litros de petróleo por cada quintal producido, ¡que ni los indios! Esa es la cooperativa que tenemos.
“Lo mejor que pudo haber pasado en la agricultura es hacer cooperativas como la nuestra. Yo soy su defensor. Las cooperativas llegaron para quedarse y resuelven, y estamos seguros que este escenario productivo se va a imponer en la agricultura y va a demostrar sus potencialidades para resolver la situación de alimento que tiene este pueblo.”
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