En el descanso de la escalera
Julio 20, 2010 por VladiaResulta medio loco afirmar que hay cigarros beneficiosos. Sin embargo, el que a veces fumo a hurtadillas en un descanso de la escalera del hospital, mucho me ha reportado: desde servir de guía hasta conocer mejor los rostros del alma humana.
Allí, adonde me escapo en las horas más locas para disfrutar al menos de dos bocanadas de humo, medio oculta por el propio diseño de la escalera, he sido testigo de aquella pareja que, mientras 400 millones de personas en el mundo alentaban al ritmo del partido final de la Copa de Futbol, ellos no encontraban la forma de despedirse. La muchacha, ingresada y a punto de dar a luz, con una inmensa barrigota, lo hacía volver una y otra vez después del beso de adiós para supuestamente recordarle una última cosa; y cuando el joven se decidía a bajar el primer peldaño, entonces era él quien recordaba un último recado o consejo y retrocedía a sus brazos, a sus labios. El que nazca de esa unión estoy segura que será un niño muy feliz.
Desde mi casi escondite, y en ese azaroso cachumbambé que es vivir, igual he visto, en contraste con escenas felices, también desgarradores instantes que cuesta hasta escribir: la joven madre que perdió a su crío no nacido y llora sola con las lágrimas más amargas, de esas que no pueden consolarse y hay que dejar correr libremente para que el alma no estalle.
Entre una y otra bocanada pude también observar el casi místico cuidado que el travesti, creyéndose amparado por la soledad del amanecer, ponía en peinar su largo cabello para que flotara hermoso junto a su alma de hembra. Ya en perfecto orden la blonda melena, admiré el esmero con que limpiaba el piso de granito, al igual que cada madrugada; con la misma dignidad y cuidado con que se acomoda a su nombre de mujer.
De entre el humo de mi cigarro he visto emerger como un bólido escaleras arriba, al hermano contento en busca del padre ya de alta; y también me he tropezado con la desolación de un rostro que desde el pánico me pregunta dónde queda terapia intensiva porque le avisaron que Ella tuvo un paro respiratorio. Nunca supe si Ella era la madre, la esposa, la novia, una abuela… pero alguien muy querido por aquel joven debe haber sido para que fuera tanto su espanto y aturdimiento.
Este descanso de escalera se me antoja una luneta exclusiva para asomarme desde la penumbra al espectáculo de la vida y la muerte en sus tonos más agudos o más graves, no hay sordinas ni filtros para los sentimientos; no hay máscaras junto al último escalón.
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Julio 20th, 2010 at 6:23 PM
Que hermoso este tema Vladia. Eres lo maximo.
Julio 21st, 2010 at 8:35 AM
La vida misma es una escalera, cada escalon es la huella viva de la propia existencia(unas veces hacia arriba , otras abajo)…pero no son todos los que en ese subir y bajar se tomen un tiempo para compartir quizas desde un estribo incomodo,momentos, sentimientos y vivencias que lindan con la magia…En hora buena Vladia.
Julio 22nd, 2010 at 11:15 AM
Me gusta tu blog. Es bueno encontrar a otra “loca” que sueña despierta. No lo dejes caer y sigue cuidando a mi amigo dile que a pesar de la distancia y los silencios lo quiero.
Julio 23rd, 2010 at 11:29 AM
Deseamos mucha suerte y salud para los tuyos.
Julio 24th, 2010 at 2:38 PM
Hermoso y desgarrador Vladia. Rara vez comento algo, pero esto me llegó al alma, quizás porque todos alguna vez, con o sin cigarro, hemos estado en el descanso de la escalera de un hospital.