La marca del blogger
Diciembre 4, 2009 por Vladia
Tiempo atrás, me gustaba jugar a adivinar las profesiones de la gente que montaba en la guagua. En medio de la apretadera, los olores varios, los codos y pies mal puestos, ese era un consuelo para sobrellevar mejor la travesía. (¡Ahora la hago a pie, bien pensados!).
El otro día me vi necesitada de fajarme con una 179 en horario pico y de pronto estaba yo, casi por reflejo, intentando averiguar si la señora que venía al lado mío, con un infernal olor a amoníaco ligado con colonia Bonabel era peluquera o venía de la peluquería. Unos pelitos sueltos sobre el cuello de su camisa inclinaron la balanza por la primera opción. El de la bata blanca colgándole del bolso nunca supe si era técnico de rayos X, masajista o trabajador de gastronomía. Bueno, el bolso no iba muy lleno; no, no debe haber sido de gastronomía.
De pronto, me sorprendí mirando las manos, o más exactamente, ese huesito impronunciable al final de la mano: siga recto meñique abajo, baje por el canto de la mano -atento a las bicicletas y los charcos de la calle, por favor- y cuando llegue a la articulación de la mano con la muñeca, ahí está, esperando por usted, que seguro no se perdió con esta dirección que le di.
Pues bien, me puse a espiar ese huesito en las manos que tenía a mi alrededor, y no para saber del Monte de la Luna, que al decir de los quirománticos anda por esa geografía y habla de la imaginación y el subconsciente, de la sensibilidad y la intuición. Buscaba ese signo que no pocas veces identifica a los que dedicamos largas horas de nuestra vida la computadora. La piel en esa apoyatura de la muñeca se pone oscura, rugosa, hasta violácea la he visto. Ningún cartel colgado al pecho hablaría mejor que esa señal, distintivo de los miembros de la enorme cofradía digital que pudiera ser la Web 2.0.
Es la marca del blogger. Lástima que, como la antológica marca del Zorro, no permita distinguir entre los que algunos se han empeñado en llamar “blogueros oficiales” y “blogueros alternativos”. Como no hay nada menos oficialista que un blog -y eso lo sabemos cada uno de sus autores-, se me hace obvio que se trata de una intención para marcar fronteras entre aquellas bitácoras cuyo fin único es atacar a la Revolución cubana, y las que se proponen testimoniar el acontecer del país desde los más variados ángulos. ¿Una marca zorra?
Pero aunque no exista esa señal diferenciadora, incluso aunque los propios autores hayan explicitado que no pretenden hablar de política, los contenidos de los propios blog se encargan de hacer evidente lo que no puede ninguna etiqueta. Lo demás es puro eufemismo.
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