El peligro de callar
Marzo 7, 2010 por Vladia
Es verdad que “un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”, como decía Martí; pero hoy, en tiempos de Internet, tenemos que sacarlo de la cueva y hacérselo saber al mundo. De manera oportuna, de forma eficaz, sin esperar a usarlo como respuesta, sino cuando afloran la primera necesidad de información y el primer intento por desacreditarnos.
Escribo esto porque, observando la agenda mediática que quieren imponer los que más dinero y tecnología tienen -que no más razón-, me he puesto a pensar sobre cómo, en el orden informativo, defender mejor hoy nuestras justezas.
Fidel me (nos) dijo hace un tiempo ya, que en cada cubano había un Comandante en Jefe y yo lo he asumido. Por eso, desde esa inmensa responsabilidad, me aventuro a asegurar que en este enfrentamiento -porque lo es-, aunque la idea sea la más justa, no podemos salir al terreno con arcabuces cuando del otro lado se nos vienen encima con las más modernas tecnologías.
La afirmación la hago lo mismo refiriéndome a los modos de decir que a lo que se dice u omite. Percibo que a estas alturas del juego, no basta con reiterar verdades sabidas y demostradas, como las conquistas en salud y educación; tampoco con repetir frases más o menos acuñadas. Creo que hace falta llamar las cosas por su nombre, adentrarse hasta el fondo de cada asunto y asumir de frente los errores.
Quien, por ejemplo, pretenda acercarse hoy al tema de la juventud cubana, si se limita a subrayar de diferentes modos que “son el más firme baluarte de la Revolución”, “seguro relevo”, y sentencias semejantes; modestamente me parece que no estará contribuyendo demasiado a la concreción de tales presupuestos. Quizás fuera mejor preguntarnos qué hemos hecho y qué no en ese sentido, qué han hecho ellos, qué no; y sobre todo, indagar en las razones.
Si somos un país de hombres de ciencia, hablando de lemas, tal vez sería conveniente echar mano más decididamente a estos saberes, digamos en el campo específico de las Ciencias Sociales, que no han permanecido de brazos cruzados, para cerrarle puertas a la especulación; o peor, a decidir o a diseñar desde lo empírico.
Trascendiendo el ejemplo, no pocos aun temen esos enfoques, entre otras razones, “porque les damos armas al enemigo”. Ese es un razonamiento que igual contamina a las fuentes, a los comunicadores y a los decisores, en las más variadas instancias. Sin embargo, no hay arma más peligrosa que el silencio.
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